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Las cervezas ácidas llegan a La Plata

Las cervezas ácidas están empezando a llegar a La Plata y para quedarse. Al degustarlas, una revolución organoléptica bombardea nuestro sentido común: es que son realmente distintas y, en un mercado obsesionado con las birras complejas, se dan las condiciones para el renacimiento de estos estilos tradicionales. Secas, más cerca del champagne que de una cerveza, cautivan con sus perfumes y enamoran con su refrescante tomabilidad.

Las cervezas ácidas son fuera de serie: evolucionan en la copa mientras pasan los minutos, frente a nuestros ojos. Los componentes más volátiles van desapareciendo y dan lugar a aromas y sabores más sutiles. Despiertan el fanatismo de muchos y están comenzando a ser furor en el mundo. En la Argentina son difíciles de encontrar y para nuestro público, que está en constante aprendizaje y exigencia, las cervezas ácidas son la última frontera.

Imperial Berliner Weisse en Walden 

En La Plata son pocos los productores que están incursionando en estos estilos. Son tan complejas en sabores y aroma, como en su elaboración. La inoculación de bacterias específicas y de forma controlada en distintos momentos de la producción, o el añejamiento de las bebidas en barricas de roble especialmente seleccionadas, dan lugar a las cervezas ácidas modernas, cuya sensación en boca es placentera y refrescante, lejos de la irritación que produce el sabor avinagrado típico de una contaminación bacteriana no deseada y que nunca debe percibirse.

La cervecería Walden -Avenida 19 N° 1087- es uno de los primeros establecimientos platenses en contar con una cerveza ácida: la Imperial Berliner Weisse de Strange Brewing, que tiene un 3,5% de alcohol y frutos rojos.

El head brewer de Strange Brewing, Torstein Hoset, oriundo de Noruega, cuenta las características de la Imperial Berliner Weisse: “Hicimos una base de trigo y maltas pálidas alemanas, la acidificamos con Lactobacillus, y después la fermentamos sobre cantidades obscenas de arándanos, frambuesas y moras con una levadura belga. El resultado, pura tomabilidad. Una explosión de frutos rojos cede el paso a un final altamente seco, dejando a tu paladar limpio y feliz, gritando por el próximo trago”.

Raúl Ferrer Justo, uno de los dueños de Walden, destaca: “Nunca se encuentran reacciones tan elocuentes como cuando alguien que no se lo espera, degusta una cerveza ácida. Hay gente que la ama automáticamente y la asocia con un champagne. Está también quien llega atraído por la fruta y se enamora de la acidez y tomabilidad. El público cervecero es cada vez más exigente, y busca sensaciones nuevas. Para ellos una cerveza ácida es un mundo por descubrir de sabores y aromas, pero aún falta mucho para que realmente estos estilos se conviertan en la tendencia que son en otros países”.

*Redacción: Tres Pintas – *Imágenes: Gentileza Walden

 

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