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CABESAS BIER, EJEMPLO URUGUAYO

En Uruguay el escenario de la cerveza artesanal es incipiente y ha empezado a tener un crecimiento exponencial en los últimos dos años, fundamentalmente en Montevideo, epicentro de la movida. Sin embargo, en Tacuarembó –una ciudad de 60 mil habitantes en el interior del país charrúa- hay una propuesta que ha sabido superar adversidades y […]

En Uruguay el escenario de la cerveza artesanal es incipiente y ha empezado a tener un crecimiento exponencial en los últimos dos años, fundamentalmente en Montevideo, epicentro de la movida. Sin embargo, en Tacuarembó –una ciudad de 60 mil habitantes en el interior del país charrúa- hay una propuesta que ha sabido superar adversidades y hoy por hoy es uno de los referentes del mercado artesanal: Cabesas Bier.

El emprendimiento arrancó en 2007 cuando Guido Arezo y Rodrigo Ríos descubrieron que podían elaborar cerveza por sí mismos y se fueron a Buenos Aires a hacer un curso para homebrewers. Ya de vuelta en Tacuarembó, tuvieron que ingeniárselas para armar su primera mini fábrica. “Fue difícil porque en Uruguay era imposible conseguir cualquier equipo para elaborar cerveza. Por ejemplo: nuestro primer macerador fue un termofón de cobre y la energía utilizada para hervir el mosto provenía de un horno de barro hecho por nosotros mismos”, cuenta Guido.

“Ahí empezamos a hacer cerveza en casa. Las primeras eran venenosas, pero fuimos mejorando. Fermentábamos en una heladerita con un caloventor para invierno y después de un año, en 2008, decidimos que queríamos comercializar nuestra cerveza y mandamos a armar los equipos a Montevideo”, detalla Rodrigo.

La microcervecería comenzó a funcionar en una casa abandonada lejos del centro de Tacuarembó, en la que Guido y Rodrigo compartían el espacio con unos vagabundos que vivían allí. “Nos llevamos muy bien y convivimos por cinco o seis meses, pero llegó un momento en el que le tuvimos que pedir que se fueran, porque necesitábamos usar el patio para producir. Lo lindo fue que lo hicieron sin ningún problema y nos agradecieron por todo; creo que fue un poco por la magia de la cerveza o de ser cervecero, que muchas veces te soluciona problemas”, apunta Rodrigo.

2009 fue el año en el que empezaron a envasar sus primeras botellas y el 2010 marcó su inicio en las competencias cerveceras, cuando fueron al “Quinto Concurso de Cerveceros Artesanales” que se desarrolló en Porto Alegre. “Presentamos dos cervezas, una Brown Porter y una IPA y no teníamos muchas expectativas, pero por suerte nos fue bien y sacamos medallas, eso nos impulsó a seguir innovando”, recuerda Guido.

En esa competencia, los Cabesas Bier se encontraron con Martín Boan –director del Centro de Cata de Cerveza Buenos Aires e ingeniero químico con mucha experiencia en el sector cervecero– y le preguntaron cuando podían ir a visitarlo a Buenos Aires, porque querían realizarle algunas preguntas para mejorar sus técnicas de producción. La respuesta los sorprendió: “Martín nos dijo que no era necesario que vayamos a Buenos Aires y nos ofreció visitarnos en Tacuarembó por espacio de una semana. Ahí aprendimos mucho de sanitización, que para mí es lo más importante en la producción cervecera, y nos hicimos muy amigos. Martín es una persona muy importante en nuestra historia”, explica Rodrigo, o Rorro, para los amigos y conocidos.

Siguieron los años de crecimiento para Cabesas Bier, que para 2011 ya producía cinco mil litros mensuales, pero contaba con la dificultad que le costaba exhibir sus cervezas en el circuito comercial. Ante esa adversidad los socios diseñaron una estrategia: “No queríamos saber nada de bares, porque ya habíamos tenido uno en Tacuarembó, pero también era cierto que necesitábamos  un lugar en el que pudiéramos servir nuestra cerveza bien tirada y con un mozo que te explicara cuáles eran las diferencias entre los distintos estilos. Sabíamos que abrir un pub de esas características en Tacuarembó no iba a ser un buen negocio, pero necesitábamos crear el ambiente ideal para que la gente pueda tomar nuestra cerveza. En nuestra ciudad no había bares que entendieran lo que era la cerveza artesanal y el público aún no estaba preparado para entenderla”.

Sin embargo, y a pesar de las expectativas de los socios, el bar empezó a andar muy bien en el corto plazo, algo que no estaba previsto en la estrategia del negocio. “Al principio la gente venía y te pedía que le sirvieras lo más parecido a la Pilsen o a la Patricia, las cervezas industriales tradicionales uruguayas, así que tuvimos que trabajar ese estilo. Pero el público de a poco fue perdiendo el miedo y después de probar varias veces la Pilsen se volcó a los otros estilos”, apunta Guido.

A la distancia, los socios reconocen que fue una idea arriesgada el poner un boliche sólo de cerveza artesanal fuera del circuito céntrico de la ciudad. “En Tacuarembó los autos dan la vueltita de plaza a plaza y nosotros pusimos el bar en un barrio más abajo, dónde era difícil que funcionara. Sin embargo funcionó y sigue siendo uno de los más concurridos de la ciudad. La conclusión es que la cerveza artesanal tiene una capacidad de acercarse al público mucha mayor de lo que se cree”, explica Rodrigo.

El crecimiento de la producción y del bar continuó siendo bueno y en 2013 Guido y Rodrigo se plantearon el proyecto más importante de su negocio: “Empezamos a pensar que debíamos dar un salto: elegir si nos quedábamos con los seis mil litros mensuales o íbamos por más, así que decidimos comprar nuevos equipos, pero contábamos con la dificultad que en Uruguay no había producción y Brasil era muy caro, así que nos decantamos por China que era lo más barato que encontrábamos”, detalla Guido.

Para lograr hacerse de los equipos, Cabesas Bier presentó un proyecto al Ministerio de Economía de Uruguay, que después de un año y mucho papeleo se lo aceptó: “Nos quitaron el 100% de los impuestos de la compra de los equipos, también nos exoneraron el IVA en la construcción de la fábrica y algo del impuesto a la renta. Estamos muy agradecidos al Gobierno porque para nosotros era muy fácil la decisión: si nos aprobaban el proyecto hacíamos la fábrica, sino no, porque los costos hubieran sido imposibles”, apunta Rodrigo.

La fábrica funciona desde octubre de 2014 y gracias a ella Cabesas Bier está ampliando paulatinamente la producción con un objetivo por delante: lograr producir 30 mil litros mensuales para final de año. Las variedades de cerveza que fabrica Cabesas son: Blond Ale, Brown Porter, Pilsen Lager, Cabutiña (estilo Pumpkin Ale), Bárbara (Weizen), Sabotaje (Oatmeal Stout), IPA y Scottisch Ale. Tres Pintas tuvo la oportunidad de probar la IPA durante la South Beer Cup de Mar del Plata y el estilo realmente está muy logrado, con un lúpulo de aroma muy pronunciado y un balance muy interesante entre la malta (que le da un buen cuerpo a la cerveza) y el lúpulo de amargor, que tiene un final seco y agradable en boca.

Durante la South Beer Cup los Cabesas Bier hicieron una exposición de su historia en las jornadas cerveceras y la titularon Brewing en el interior del interior, en referencia al poco mercado de cerveza artesanal que aún hay en Uruguay en comparación con Argentina. Sin embargo, Guido y Rodrigo no se quejan: “Es verdad que Tacuarembó capaz no nos brindaba las mejores opciones para encarar un proyecto de estas características, pero no hay que quedarse con eso sino buscar las características positivas del lugar donde estás. Y Tacuarembó tiene un montón, porque tenemos un público fiel y además solemos asociarnos con amigos comerciantes para mandar fletes con nuestros productos a Montevideo”.

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